lunes, 29 de julio de 2019

Aprendizaje Made in Siglo XXI

Aprendizaje made in siglo XXI.

Joel tiene dos años hace cuatro meses que va al jardín maternal. Cuando en su casa ve un papel (de golosina, boleta del cable, etc) en el suelo lo toma y lo tira en el tacho de basura. Toma su merienda en vaso, al terminar va a la cocina y revolea la taza en la bacha (por suerte es un mini Manú Ginobili).

"Marcos, Conoció cada capital y ubicación de los países, indagó en la historia de Argentina..."
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YOUTUBER, A LOS 7 AÑOS

Marcos su hermano, a los seis años encontró una nueva pasión: el fútbol. Dejó a los superhéroes en su cajón de juguetes. Claro, era su primer mundial de fútbol consciente. Consumía los programas de fútbol del cable y miraba por YouTube los partidos de nuevo. Conoció cada capital y ubicación de los países, indagó en la historia de Argentina en cada mundial, memorizó formaciones de equipos y aprendió de tácticas. Por supuesto pidió ir a entrenar fútbol, cuando meses antes no había querido ir más.

A los siete indagó como subir vídeos a youtube, su carrera de youtuber comentarista se terminó al tercer video cuando su madre vio que le habían comentado una publicación (y ahí descubrió los tres vídeos de su pequeño periodista deportivo).

"A los siete indagó como subir vídeos a youtube.."
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Ambos realizaron aprendizajes. Estos aprendizajes suceden todos los días.
Así es la educación en el siglo XXI por un lado la intensión de un adulto en una institución con un conjunto de saberes y habilidades para su uso en su ámbito y por el otro entender que las nuevas tecnologías también enseñan. Estas últimas les son propias a los estudiantes de este siglo y más allá del uso cotidiano que le dan los chicos los adultos deben enseñar como cualquier herramienta que se precie sus posibilidades.

"Tenemos que explorar e incorporar las nuevas tecnologías no porque esté “de moda” sino porque es nuestra obligación entrenar a nuestros estudiantes con las herramientas que usan cotidianamente. "
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HERRAMIENTAS DE OTRO SIGLO

En este punto el educador se encuentra en desventaja pues al no serle “natural” sigue usando herramientas de otro siglo o si la usa no están potenciadas sus estrategias al 100%.
Asi mismo, seguir con estrategias del siglo 19 es colocar una brecha entre aprendizaje y alumno. Tenemos que explorar e incorporar las nuevas tecnologías no porque esté “de moda” sino porque es nuestra obligación entrenar a nuestros estudiantes con las herramientas que usan cotidianamente. Educar incluye salvaguardarse de los otros que navegan las redes y no conocemos, comprender la diferencia entre uso y abuso de un recurso, encontrar otras puertas para provocar aprendizajes ,  orientar y optimizar el uso de las nuevas tecnologías y en enseñarles a complementar la vida virtual y la vida real.

COMPETENCIAS DEL FUTURO

No sabemos que profesiones habrá en el futuro por ello deberemos enseñar competencias que lleven al alumno a usar en su vida cotidiana. La escolarización del aprendizaje postula aprendizajes que solo sirven en las cuatro paredes de la escuela. Como en el caso de Joel el aprendizaje debe ser para su vida cotidiana. Y como en el caso de Marcos los recursos TICs lo atraviesan e interpelan para pensarse quizás como comentarista de fútbol en donde mira la realidad, investiga, da información, argumenta, opina, grafica y se comunica con otro atreves  de una herramienta que no es tenida en cuenta en la planificación. Y si observan la enumeración de acciones que realice son parte de los contenidos conceptuales y modos de conocer para segundo año del nivel primario. ¡De cuanto nos perdemos!
No podemos dejar analfabetos digitales sueltos al terminar la escolaridad por una planificación que responde al siglo pasado. Los diseños curriculares actuales intentan movilizar ese cambio y las capacitaciones siguen respondiendo al siglo pasado entonces el docente decide quedarse en su zona de confort. No por cómodo sino por resultados que cosechó a lo largo de su trayectoria sin poder ver que los alumnos son otros. Entonces aparecen los problemas en el aula con la atención, recién ahí el docente sale a buscar herramientas. Los descubrimientos de la neurosicoeducación le dan un backup de estrategias para que el cerebro aprenda más y mejor abandonando prácticas estériles de antaño que fomentaron aprendizajes que no eran más que repeticiones que luego se olvidaban.

El desafío está planteado. ¿Qué educación queremos darles a los adultos del no tan lejano siglo XXI?

jueves, 25 de julio de 2019

"Un maestro puede hacer mucha ciencia en su aula"



"Un maestro puede hacer mucha ciencia en su aula"

El docente debe plantearse cómo interesar a sus alumnos en la ciencia, en base a preguntas de la vida cotidiana que ellos puedan hacer en clase, sugiere el investigador del Conicet. Mariela Goy.

“Seguramente estén pensando que bostezar implica aburrimiento o cansancio, y no es necesariamente así”, comienza diciendo Diego Golombek para “enganchar” a los chicos de 6º y 7º grado de escuelas primarias en un tema que a priori parece complicado y digno de un bostezo de proporciones: la ciencia. Enseguida, el investigador del Conicet pregunta a su audiencia: “¿Por qué el bostezo es contagioso? ¿Por qué si yo bostezo, ustedes se contagian?”, plantea, mientras simula un bostezo gigante y obtiene más bostezos y risas del otro lado. Listo: la escucha y la participación de los escolares están aseguradas para toda la charla.

¿Cómo captar la atención de sus alumnos?

De igual manera, usando disparadores similares, un maestro puede captar la atención de sus alumnos para introducir algún tema científico en el aula, sugiere Golombek, doctor en Ciencias Biológicas de la UBA, profesor de la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del Conicet, que sabe mejor que nadie cómo divulgar la ciencia, explicándola a través de aspectos de la vida cotidiana.

Entrevista con Golombek 

Hace poco, Golombek estuvo en Santa Fe, en el marco del ciclo “La ciencia y vos”, organizado por la Fundación Medifé, en conjunto con la Secretaría de Educación de la Municipalidad de Santa Fe. De las dos charlas realizadas en el Teatro Municipal, participaron unos 1.400 chicos de distintas escuelas de la ciudad.
—¿Explicar los fenómenos de la vida cotidiana es una forma de comunicar la ciencia?
—Es una de las posibilidades de comunicación de la ciencia. Básicamente hay dos: una es contar la ciencia profesional, contar lo que hacen los científicos en la Argentina, y el gran ejemplo de esto es Adrián Paenza. Y la otra forma que a mí me interesa más es despertar la curiosidad y la actitud de sacudir la naturaleza a preguntazos. Y los pibes están en la edad ideal para recibir esa vertiente de la ciencia, para escuchar a alguien que les cuente sobre la ciencia que está escondida en la vida cotidiana: en la cocina, en el baño, en el sueño; y eso inmediatamente los “engancha” porque son preguntas que ellos se hacen permanentemente.

"En la primaria el tiempo que se dedica a la enseñanza de la ciencia es poquitísimo o nulo, porque está esta idea de que la escuela primaria sirve para aprender a leer, escribir, sumar y restar".
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¿Cómo es la situación de la ciencia en las escuelas de nuestro país? ¿Está desactualizada, hace falta mayor formación docente?
—En general, es bastante deficiente la enseñanza de la ciencia en las escuelas por muchos motivos. En principio, la formación de los docentes no alcanza para lo que hoy se entiende por ciencia y tecnología, aunque hacen lo mejor que pueden. Y la verdad es que en la mayoría de los casos es encomiable lo que hacen los docentes con lo que tienen. El otro asunto es que los programas están a veces desactualizados y, sobre todo, son kilométricos. Es imposible dar 10 unidades en el año, y además no tiene sentido.
El otro problema es que en la primaria el tiempo que se dedica a la enseñanza de la ciencia es poquitísimo o nulo, porque está esta idea de que la escuela primaria sirve para aprender a leer, escribir, sumar y restar. Como mucho, podés aprender algo de historia y geografía, pero la ciencia no está tan representada en la primaria. A veces, los maestros les roban horas a otros contenidos para poder dar algo de ciencias naturales.
En la secundaria, sí hay horas de ciencia, pero en compartimentos muy estancos: ahora tenés la hora de química que no tiene nada que ver con la de física, la de matemática o la de biología. Se podría, en cambio, enseñar a los alumnos la idea de “pensamiento científico”, es decir, cómo la ciencia te ayuda a entender y pensar el mundo. No hace falta un laboratorio

A los chicos de nivel primario les diria:
"que dediquen tiempo a la ciencia, aun cuando eso les cueste una discusión interna en la escuela".
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¿Qué les recomendás a los docentes de ciencias biológicas de nivel primario para sus clases? A esas edades los chicos son curiosos y, a veces, lo único que se hace es la clásica germinación de la semilla de poroto.
—Que es una actividad maravillosa y a los chicos les encanta, pero sí, en general, es lo único que se hace. En principio, les diría que dediquen tiempo a la ciencia, aun cuando eso les cueste una discusión interna en la escuela. Segundo, en la primaria, como vos decías, los chicos tienen la pregunta a flor de piel; permanentemente están preguntándose cosas y eso hay que aprovecharlo en el aula. Esto no quiere decir que quien lleve las riendas de la clase sea el alumno, de ninguna manera; es el docente quien tiene la autoridad, sabe adónde quiere llegar, y para eso tiene que aprovechar la curiosidad de los chicos, sus preguntas, e ir moldeándolas con un objetivo. El docente debe plantearse cómo incentivar a los pibes, cómo interesarlos en base a preguntas cotidianas, de investigación que ellos puedan hacer en el aula.
Otra cosa que pasa cuando vos hablás con docentes de primaria es que te dicen: “Todo muy lindo, pero yo eso no lo puedo hacer porque no tengo microscopio electrónico o una centrífuga”. Yo les contesto: “No te hace falta nada de eso, podés hacer experimentos con lo cotidiano. Si tenés un laboratorio, aprovechalo, pero si no lo tenés, podés hacer muchísima ciencia en el aula”.

Hablás con docentes de primaria, te dicen: “Todo muy lindo, pero yo eso no lo puedo hacer porque no tengo microscopio electrónico o una centrífuga”. Yo les contesto: “No te hace falta nada de eso, podés hacer experimentos con lo cotidiano.
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¿Cuáles ejemplos de la vida cotidiana pueden servir a un maestro para hablar de ciencia?
—En la cocina, hay muchísima ciencia, cada vez que hacés algo en la cocina o cambia de color o se calienta o modifica su estructura. Batís claras a nieve y ahí hay una reacción química que está pasando frente a tus ojos. Otros ejemplos que damos siempre es la ciencia del bostezo o por qué la gente canta en la ducha o por qué soñamos. Todas cuestiones que a la gente le interesa y que no sospecha la cantidad de ciencia y de preguntas que hay detrás de ellas.
También está el tema de desterrar mitos que tienen que ver con el clima (“si el cielo está rosa, mañana va a estar lindo”), con la salud (hay miles de recetas de la abuela), etc. Son todas temáticas donde la ciencia puede meterse y son un buen tema de conversación que después se extrapola del aula. Lo que podés hacer como docente es aprender y ayudar a los alumnos a recorrer el camino de pensar científicamente; eso le va a servir al chico para todo, no solamente para la ciencia.

Escrito por: Carlos Kicinski 
Editado por: Demarco, Sabrina L.E.