Niñas jugando, paradigma de género activando. Parte 2
Entrevista a Mara Lesbegueris
Rosa, rosa, no es maravillosa
“Jugar es esa potencia que te permite ordenar internamente, crear, armar
mundos ficcionales y hasta subvertir órdenes. Cuanto más se reproduce menos se
juega, cuanto más impuesto es desde afuera, menos posibilidades hay de crear”,
dice Mara Lesbegueris,
El juego se construye según los contextos sociales, culturales,
familiares y temporales, por eso no siempre se jugó igual. ¿Cómo juegan las
niñas hoy?
–Las niñas –las que hoy pueden jugar– se debaten en sus elecciones
lúdicas entre juegos tradicionales, juegos de pantalla y otras modalidades que
con anterioridad eran “patrimonio de los varones”. Algunas niñas, por suerte
cada vez más, comienzan a animarse a conquistar y hacer uso de otros espacios
de juego. Ponen a prueba la tensión, la fuerza muscular y la velocidad. Sin
embargo, estos cambios no destierran el mundo rosa de las barbies y de las
princesas, en el que está subsumida la gran mayoría de las niñas, y que insiste
con sus mensajes intentando permanecer sin cuestionamientos profundos.
Pantallas vs. imaginación
En relación con los juegos de pantalla (y la tecnología disponible a la
que muchas veces se apela) es necesario indicar que esta tendencia deja por
fuera la potencia del juego en tanto acción. Al respecto, Lesbegueris apunta:
“La descorporizacion atenúa la corporeidad, resta la experiencia misma del
cuerpo. Hay un detrimento del campo de la experiencia porque el juego pasa a
estas pantallas donde se juega virtualmente. Se pierde la experiencia lúdica,
que es la que me confirma las tensiones, las distensiones, la posibilidad de
probar, de crear. Si estoy sentada frente a la pantalla el dispositivo lúdico
me dice lo que tengo que hacer. Por lo tanto voy por un itinerario ya marcado.
Estoy en constante actitud pero no logra desplegarse en acciones, en
habilidades, en gestos inclusive. Estoy todo el tiempo en tensión frente a la
pantalla”.
¿Hay un uso diferente entre nenas y varones en relación con los juegos de pantalla?
–Sí, los varones usan mucho más estos juegos. Hay una tendencia a
habilitar estos espacios de tecnología más a los varones, esto también es
histórico, no sólo en relación con los juegos. Eso trae a veces un
empobrecimiento del campo de la gestualidad expresiva, o voces descorporizadas
también, que se corporizan con la televisión, hay como un lenguaje y una voz
neutra, una prosodia muy particular, como de dibujito animado. Eso quiere decir
que hay rasgos de la subjetividad que se perdieron porque yo construyo mi
cuerpo en la relación con los otros, primero los otros familiares, los cuerpos
del entorno. Eso da una identidad familiar, cultural, pero si yo lo tomo de la
televisión es porque no hubo otro cuerpo cercano que me pudo contener.
¿Qué se les habilita a las nenas en estos juegos?
–Las relaciones interpersonales, conversar, intercambiar. Los varones
fuertemente juegan contenidos ligados con la confrontación, la persecución,
juegos con alto contenido de violencia. En cambio, la oferta de los juegos de
red para las niñas es diferente: todo lo que tiene que ver con la estética
física, como peinar, maquillar, vestir a la muñequita, o prácticas de
maternaje, como salir a pasear a la mascota, hacer las compras en el
supermercado, etc. No salen juegos de niñas de confrontación, ni de pelea; eso
está para el mundo masculino. Y está tan naturalizado que casi nadie se
pregunta sobre eso. Está como transparentado, tal como sucede con las
relaciones de poder. La pasividad por un lado y la dominación por el otro. Ahí
mismo se están instalando relaciones de poder.
Para poder jugar hay que disponer de un tiempo, de un espacio y hay que
poder entrar en sintonía. Pero no todo es tan ingenuo en el mundo de los
juegos. Hay situaciones que merecen intervenciones de los adultos, para
acompañar, para hacer preguntas, para problematizar desde un lugar diferente,
porque de lo que se trata es de construir realidades más equitativas. “Las
verdaderas amenazas del jugar, aquellas que no dejan crear ficción y nuevas
posibilidades, pueden encontrarse en el prejuicio que fija el jugar de las
niñas a un determinado modo de ser y de hacer: tranquilo, sedentario,
restrictivo, no agresivo, buscando siempre y de todas formas pasivizarlo. En la
medida en que haya más equidad en torno de lo femenino va a haber más libertad
para los varones”, subraya Lesbegueris. Es interesante pensar el juego como
dispositivo que produce cuerpos que se sujetan o se sueltan a determinadas
pasiones. “El jugar no es neutral o ingenuo en lo que respecta a las relaciones
de poder que allí se ponen de manifiesto”, remarca la autora. “No necesitamos llegar
a la vida adulta para darnos cuenta de esta distribución desigual de jerarquías
y para detectar una matriz asimétrica a partir de la distribución desigual de
funciones, de tareas y de lugares en función del género. Eso se ve también en
los juegos donde estas desigualdades se encuentran fuertemente arraigadas. La
violencia simbólica se impone como legítima y de manera arbitraria dispone
ciertos hábitos que marcan tendencias en la forma de sentir, percibir, pensar y
actuar.”
¿Qué hábitos por ejemplo?
–Gestos como cruzarse de brazos o de piernas, bajar la mirada y sonreír
prudentemente, dar pasos cortos, menear la cadera, pestañear seguido,
gesticular con las manos, acariciar, etc., distinguen un particular modo de
funcionamiento del cuerpo femenino, al tiempo que constituyen significantes con
valor simbólico que connotan cierre, dependencia, seducción, sumisión, gracia,
contención, afectividad.
¿Y en relación al juego y los juguetes de las niñas?
–Si pensamos, por ejemplo, en el objeto muñeca, vemos que no está hecha
para ser arrojada como una pelota –aun cuando se la pueda lanzar–, ni tampoco
sirve para luchar –si bien se le puede pegar, o se puede pegar con ella–. Con
la muñeca se realizan básicamente actos que incluyen diversas acciones y
labores manuales, que alientan acciones e interacciones afectivas vinculadas al
maternaje y la domesticidad. Se juega a las muñecas con el cuerpo relativamente
estático, quietitas y ocupando poco espacio.
Ideología barbie
¿Cómo analizás la cosificación del cuerpo de las niñas?
–Esta tendencia de des-corporización y fragilización de la que
hablábamos antes se refleja también a partir de la cosificación temprana de sus
cuerpos mediante la “ideología barbie”. Esa ideología nutre los ideales de
representación de sus corporeidades, el festejo de cumpleaños en “spa” donde se
promueve el jugar a ser modelos exhibiendo sus cuerpos, o el incremento de
fotos y videos con poses sexualizadas de niñas que se suben al ciberespacio,
son una de las tantas formas aggiornadas de seguir mostrando el cuerpo como un
objeto, sometiendo a las niñas a la dependencia de la mirada de los otros.
La segmentación por género está signada por fuertes estrategias de
marketing y del mercado de juguete. Lesbegueris se extiende sobre esto y dice:
“La ideología barbie es fuertísima. Por más que intenten ponerte la barbie
morocha o la que está en silla de ruedas, siempre la tendencia son las barbies
rubias, extremadamente delgadas –que si una las lleva a escala se ve que es una
desfiguración del cuerpo de la mujer– que alimenta el imaginario de un cuerpo
inalcanzable, porque para poder alcanzarlo lo tengo que enfermar. La ideología
barbie inserta a la mujer en el monopolio de la belleza. Propone un ideal de
delgadez que es deformante”.
¿Qué nuevos conflictos se dan hoy por hoy?
–Como te contaba, en el contexto de la mundialización de la cultura hay
una fuerte tendencia a la descorporización de los juegos. Esto se observa en la
disminución de los espacios y tiempos de juego espontáneo, el pasaje a grupos
institucionalizados y la pérdida de grupos que se conformaban en los barrios
con niños y niñas de diferentes edades. Otro conflicto actual se da en torno de
la banalización de los juguetes. La superabundancia de objetos que el mercado
ofrece, con características cada vez más sofisticadas, deja cada vez menos
espacio para la invención lúdico-creativa. Por eso es posible ver cuartos de
niños y niñas colmados de juguetes, y niñas que para jugar eligen simples
cajas, telas viejas o las cacerolas de la cocina.
¿Por qué?
–Cuanto más sofisticado es el juguete o el objeto, menos posibilidades
de accionar sobre él, y más real es la realidad, en cambio con un objeto
informe tengo muchas más posibilidades de crear, de jugar con mi imaginación,
de transformar eso acorde con mis deseos y mis intenciones. Lo otro ya está
dado por la intención del otro, de empresas que encuentran en el mundo infantil
un lugar interesante de ventas. Es totalmente diferente de lo que sucede con
una tela, que puede ser tanto una capa como el techo de una casa.
¿Cómo actúa en la función de transmisión jugar a la mamá, ponerse sus zapatos, usar las carteras, chalinas, anteojos, etc.?
–Las identificaciones tienen efecto político. Los procesos de imitación
–hacer como– e identificación –ser como otras/otros– constituyen los pilares
desde donde las niñas podrán contemplar, hacer, verse y proyectarse. Adornarse
como mamá, disfrazarse como las princesas, usar tal o cual look como el
personaje de moda, proveen a las niñas diversas imágenes identificatorias para
sus cuerpos. Pensemos que el cuerpo vestido es el cuerpo dado a ver. Los
modelos de referencias identificatorias femeninas actuales, aun con cicatrices
de subordinación, presentan a las niñas nuevos modos de poner el cuerpo en la
escena doméstica, política y académica. No sólo la feminidad se encarna frente
al espejo. La capacidad de lucha, de trabajo, de resistencia, unida a la sensibilidad
reflexiva de muchas mujeres, transforma las figuraciones corporales femeninas,
y abre nuevas posibilidades y nuevas escrituras sobre los cuerpos de las niñas
y de los niños.
Desprotecciones
La lógica androcéntrica está fuertemente arraigada en los juegos y
activa mecanismos de producción y reproducción de poder. Se necesita de miradas
que desnaturalicen las relaciones de poder en los juegos para poder poner
preguntas. “Más que establecer certezas o categorías que dividan los juegos en
femeninos o masculinos, es necesaria una mirada sensible y crítica que pueda
sostener sus enigmas”, propone Lesbegueris. “No nos apresuremos a clasificar
sus juegos. No nos aventuremos a leer sus acciones y sus actos desde los
sentidos bicategoriales sostenidos desde la normatividad heterosexual y
patriarcal”, concluye. Para cerrar la charla, un subrayado puntual da cuenta de
“aquello con lo que no se juega”, tal como lo llama la autora en su libro. Las
niñas en situación de vulnerabilidad quedan fuera de la infancia –por consiguiente
del juego y del jugar– y expuestas a experiencias de violencia y maltrato.
Desde esa mirada, dice: “Las inequidades educativas en función de la clase y el
género, la falta de vacantes en la educación temprana y lo que esto acarrea
para sus madres, las difíciles trayectorias educativas de muchas jóvenes, la
feminización de las migraciones y las infancias migrantes, los desamparos y
desprotecciones del Estado sobre las niñas, jóvenes y mujeres, las infancias
encarceladas y sin juegos, la maternidad adolescente, no son producto del azar
sino de una estrategia de dominación social sostenida en el tiempo. Es
necesario visibilizar aquello con lo que no se juega”.
Entrevista a Mara Lesbegueris












